Si ser una verdadera discípula es el deseo ferviente de muchas cristianas ¿Porque tenemos qué buscar tanto para encontrar personas maduras en la fe y “enteramente preparada para toda buena obra” como dijo el apóstol Pablo? Las razones son variadas y a menudo no muy claras a la hora de las evaluaciones. En nuestra iglesia se habla de la importancia de creer en el conocimiento de nuestro Dios, y se invierte tiempo, trabajo y dinero en la elaboración de programas que incluyan los diferentes niveles de conocimiento en que se encuentra la congregación. Sin embargo debemos preguntarnos que tan efectivos ha sido el camino que hemos escogido. Aunque desde el principio de la vida cristiana se nos enseña disciplina espiritual como la oración, el estudio bíblico personal, el ayuno y otros asuntos fundamentales, tenemos problema de entender el significado mas profundo de ser una seguidora de Jesús. A menudo nos centramos en los métodos o los materiales que seguiremos y perdemos de vista el objetivo principal, el ser como Jesús. Lo que buscamos al seguirle es llegar a ser imitadoras de Cristo en su estilo de vida y estrecha relación con el padre. Por lo tanto este seguimiento involucra en primer lugar, nuestro ser interior. El en lo profundo de nuestro corazón donde decidimos rendirnos a el y le permitimos gobernar nuestras vidas; es a través de nuestro espíritu donde Jesús entra en contacto con nosotras y nos toca con su ternura. La intimidad con Dios es el medio mas propicio que tengamos disponible para reconocer su voz y descifrar su llamado que siempre lleva nuestro propio nombre, porque así nos ama el Señor, de manera particular. Pablo a hablado del fruto del espíritu en nosotras hace un listado de las virtudes que deben adornar nuestro carácter: amor, gozo, paz paciencia, bondad fidelidad, mansedumbre, dominio propio, sin embargo cada una se ofrece como herramienta efectiva para enfrentar los múltiples desafió que la vida nos presenta. Es la voluntad de nuestro amoroso Padre Celestial que crezcamos y entendamos, pero más allá de eso, que gocemos con intensidad de su presencia. Vivir en su presencia significa conocerle mejor y a nosotras mismas.
La enorme aventura de vivir como una seguidora de Cristo empieza con la respuesta a un llamado que tiene condiciones especificas.
Negarnos a nosotras mismas, Que tarea mas dura es liberarnos de nuestra soberbia, las ansias de controlarlo todo en nuestras vidas.
Tomar nuestra cruz, con todo lo que somos nuestra historia nuestras virtudes, la arista de nuestro carácter estamos llamadas a tomar la responsabilidad de nuestra propia vida delante del Señor y a emplear todo nuestro empeño en cumplir el propósito específico
Para el cual fuimos llamadas por el señor.
Y Seguirle, andar en sus pasos exige saber quien es él y como actúa; es así que los valores del reino se pueden incorporar de manera natural a nuestras decisiones diario vivir. No podemos decir que somos discípulas y vivir de forma contraria en los valores encarnados por el Maestro.
Roguemos al señor que ponga el querer como el hacer, por su propia voluntad, para que nuestras vidas enteras estén dedicadas a profundizar nuestro vinculo de amor con él. Recordemos le amamos porque él nos amo primero y al tomar la iniciativa abrió un camino de salvación completa para nosotras, que no tenemos ninguna esperanza de gloria que no sea él.
Marilú |